Introducción
Introduction
Toda alabanza es para Allah, Señor de los mundos. Que la bendición y la paz sean sobre el más honrado de los Profetas y Mensajeros, nuestro Profeta Muhammad ﷺ, su familia y todos sus Compañeros. Uno de los momentos más hermosos de mi vida fue cuando presenté el primer borrador de mi libro como regalo a mis queridos padres. Con este nuevo libro, encontré felicidad y placer en sus palabras y observaciones. En realidad, mis esfuerzos son también los suyos, pues un hijo no es sino una prolongación de sus padres. Digo esto para señalar el favor de Allah sobre mí. Gran parte de mi producción intelectual no habría sucedido de no ser por su apoyo, aliento y supervisión. Pido a Allah que me honre con su complacencia y que aumente su edad en buenas obras. Involucrarlos en cada libro que he escrito ha sido una costumbre mía. Hubo una excepción, sin embargo. Su tema y su título provocaron una reacción de rechazo por parte de mis padres. Fue un rechazo teñido de sorpresa y de una especie de indignación. Su sorpresa fue provocada por el fuego de la fe que ardía en ellos y por la denuncia de un peligroso patrón de desviación teológica. Era como si dijeran: «¿Qué fue lo que llevó a nuestro hijo a este laberinto?». Ese libro fue *La milicia atea*. Esta situación me recordó una historia. Un destacado erudito de la teología dialéctica (*kalām*) caminaba por un sendero, seguido de decenas de estudiantes. Una anciana preguntó: «¿Quién es este?». Se le respondió: «¿De verdad no lo sabe? ¡Este es el hombre que ha presentado mil pruebas de la existencia de Allah!». Ella dijo: «Hijo mío, si no lo atormentaran mil dudas, no necesitaría mil pruebas». Cuando sus palabras fueron relatadas al erudito, este dijo: «¡Oh Allah, pido una fe en Ti como la de las ancianas!».1
All praise is for Allah, Lord of the Worlds. May benediction and peace be upon the most honoured of the Prophets and Messengers, our Prophet Muhammad, his family, and all his Companions. One of the loveliest moments in my life was when I presented the first draft of my book as a gift to my beloved parents. With this new book, I found happiness and pleasure in their words and observations. In reality, my efforts are their efforts, as a child is but an extension of its parents. I say this to point out Allah’s favour upon me. Much of my intellectual output would not have happened were it not for their support, encouragement, and supervision. I ask Allah to honour me with their pleasure, and that He increases their age in good deeds. Involving them with every book I have written has been a habit of mine. There was an exception though. Its topic and title evoked a pushback from my parents. It was a pushback that was coloured with surprise and an indignation of sorts. Their surprise was spurred by the fire of faith that burned in them, and the denunciation of a dangerous pattern of theological deviance. It was as if they were saying, ‘What is it that landed our son in this maze?’ That book was The Atheist Militia. This situation reminded me of a story. A leading scholar of dialectic theology (kalām) was walking along a path, followed by dozens of students. An elderly woman asked, ‘Who is this?’ It was put to her, ‘Do you really not know? This is the man who has put forth a thousand proofs for the existence of Allah!’ She said, ‘My son, if he was not afflicted by a thousand doubts, he would not have been in need for a thousand proofs!’ When her words were related back to the scholar, he said, ‘O Allah, I ask for faith in You like that of elderly women.’1
Por las razones antes expuestas, desde el principio me siento animado a revelar al lector que creo firmemente que reconocer a Allah, reconocer Su unicidad y reconocer nuestra necesidad de Él son disposiciones humanas profundamente innatas y naturales. Es este estado el que mejor se ajusta a la naturaleza del hombre, conduciendo a la paz interior y a la satisfacción. Sin él, la vida carecería de sentido, y muchas preguntas existenciales de la humanidad quedarían sin respuesta. De hecho, no tendrían respuesta alguna. Parece que la firmeza de este reconocimiento y la influencia que ejerce sobre el alma son más abarcadoras de lo que pensé en un principio. Hace muchos años me topé con lo que entonces consideré una afirmación sorprendente de Ibn Taymiyyah, en la que trataba de la existencia de esta predisposición natural del alma para reconocer lo Divino, junto con las posiciones evidentes por sí mismas y racionales. Él afirma: «El conocimiento fundamental de lo Divino es tanto natural como necesario. Está más firmemente establecido en las almas que los fundamentos de las matemáticas, como “Uno es la mitad de dos”, o los fundamentos del conocimiento natural, como “Un cuerpo no puede existir simultáneamente en dos lugares”. Esto se debe a que tales conocimientos son enunciados que las predisposiciones innatas de la mayoría de las personas pueden desatender. En cuanto al conocimiento de lo Divino, es inimaginable que alguna predisposición natural pueda desatenderlo».2
For the aforementioned reasons, right from the outset I am enthused to reveal to the reader that I fervently believe that recognising Allah , acknowledging His oneness, and recognising our need for Him are deeply innate and natural human dispositions. It is this state that is most aligned with the nature of man, leading to inner peace and contentment. Without it, life would be without meaning, and many existential questions on humanity would remain unanswered. In fact, they would have no answer at all. It seems that the firmness of this recognition and the influence it had on the soul is more sweeping than I first thought. Many years ago, I came across what I considered back then to be a surprising statement by Ibn Taymiyyah, where he discussed the existence of this natural predisposition of the soul in recognising the Divine, in conjunction with self-evident and rational positions. He states, ‘The core knowledge of the Divine is both natural and necessary. It is more firmly established in the souls than the fundamentals of mathematics such as “One is half of two”, or the fundamentals of natural knowledge such as “A body cannot simultaneously exist in two places”. This is because such items of knowledge are expressions that the innate predispositions of most people can disregard. As for the knowledge of the Divine, it is unimaginable that any natural predisposition is able to disregard it.’2
Cuando vi por primera vez este pasaje, me pregunté: «¿Está el arraigo de la creencia en lo Divino por encima de estos ejemplos? ¡Simplemente no logro verlo así!». Aunque reconozco que el reconocimiento de Allah es innato en nosotros, ¿por qué no siento que sea tan fuerte como esos ejemplos evidentes?». Algunas complejidades de esta cuestión se me aclararon unos años después. Fue tras la publicación completa de la enciclopédica obra de Ibn Taymiyyah Bayān Talbīs al-Jahmiyyah, en la que encontré un excelente pasaje donde trataba la creencia, comprendida de forma innata, en la elevación de Allah por encima de Su creación: «Este conocimiento se aferra a sus almas. No puede separarse de ellas más de lo que puede separarse el conocimiento instintivo de lo tangible y de los asuntos naturales, como «Uno es una tercera parte de tres» y «Un cuerpo no puede existir simultáneamente en dos lugares». Esto se debe a que este último es un conocimiento que, sencillamente, no necesitan; de hecho, puede que ni siquiera se le ocurra nunca a una persona. En cuanto al conocimiento de la elevación de Allah, diría que, además de que las personas lo necesitan, también necesitan lo que implica y significa, que es la súplica, el pedir, la humillación de uno mismo y la humildad ante lo Divino, el Ser Supremo al que se invoca».3
When I first saw this passage, I asked myself, ‘Is the entrenchment of belief in the Divine stronger than these examples? I just cannot see it this way! Though I acknowledge that recognising Allah is innate to us, why is it that I do not feel that it is as strong as those self-evident examples?’ Some complexities of this issue were resolved for me a few years later. This was after the full publication of Ibn Taymiyyah’s encyclopaedic book Bayān Talbīs al-Jahmiyyah, in which I came across an excellent passage where he discussed the belief of the innately understood highness of Allah over His creation: ‘This knowledge clings onto their souls. It cannot be separated from it any more than the instinctive knowledge of tangibles and natural matters, such as “One is a third of three”, and “A body cannot simultaneously exist in two places”. This is because the latter is knowledge that they simply do not need; in fact, it may never even occur to a person. As for the knowledge of the highness of Allah, I would say that – in addition to people needing it – people are also in need of what it necessitates and means, which is supplication, asking, self-effacement, and humility unto the Divine – the One Above Who is being invoked.’3
La dualidad conocimiento-acción en relación con el reconocimiento de lo Divino es un aspecto que representa la fortaleza de esta comprensión, en comparación con aquellas otras informaciones no accionables que el ser humano no siempre recuerda mientras avanza en la vida cotidiana. Ibn Taymiyyah lo subraya en la página siguiente: «En cuanto al conocimiento de lo Divino, es mucho más grande y más honorable, pues es necesario para los hijos de Adán, tanto en conocimiento como en intención, volverse hacia Él. Fueron predispuestos a ello. La existencia innata de este conocimiento e intención instintivos está mucho más arraigada que la existencia de otras informaciones».4
The knowledge-action duet vis-à-vis recognising the Divine is one aspect that represents the strength of this understanding, compared to those other non actionable pieces of information that man may not always recollect as he grinds on with daily life. This is underscored by Ibn Taymiyyah on the next page: ‘As for knowing the Divine, it is far greater and more honourable, as it is necessary for the children of Adam in terms of both knowledge and intent to turn to Him. They were predisposed for this. The innate existence of this instinctive knowledge and intent is far more entrenched than the existence of other information.’4
En términos más explícitos, poco después añadió: «Allah, Glorificado sea, predispuso a Sus siervos a dos cosas: que sus corazones lo afirmen en cuanto al conocimiento, y que lo amen y se humillen ante Él en cuanto a la práctica, la adoración y la búsqueda de auxilio. Así, están predispuestos a conocerLo y a actuar por Su causa».⁵ Sin embargo, seguía desconcertado en cuanto a hasta qué punto el reconocimiento de lo Divino está arraigado en el alma. Esto duró hasta que di con el siguiente pasaje de la respuesta de Ibn Taymiyyah: «Es sabido que la fuerza de la inclinación hacia un conocimiento controvertido no es igual a la inclinación hacia un conocimiento que no encuentra oposición. La inclinación hacia el conocimiento de conceptos como el cálculo o la naturaleza –como "uno es la mitad de dos", "un cuerpo no puede estar a la vez en dos lugares", y otros semejantes– no está tan arraigada en los corazones, ni existe una oposición fuerte contra ello».⁶ Y así es. Las diversas dudas que se plantean contra Allah –que pueden llevar al hombre a apartarse de su predisposición innata o a debilitarla– son mucho más numerosas que las objeciones contra otras ciencias. Por ello, uno podría sentir que las ciencias son más evidentes que Allah. Sin embargo, si las almas de las personas fueran puras y se eliminaran esas distracciones externas, sin duda conocer a Allah sería mucho más fuerte y estaría mucho más arraigado que las ciencias.
In more explicit terms, he went on to say just a few pages later, ‘Allah, Glory to Him, predisposed His servants to two things: that their hearts affirm Him in terms of knowledge, and that they love Him and are humble in front of Him in terms of practice, worship, and seeking assistance. They are thus predisposed to having knowledge of Him and acting for His sake.5 However, I was still puzzled as to what extent recognition of the Divine was entrenched in the soul. This was until I came across the following passage from Ibn Taymiyyah’s response: ‘It is known that the strength of attraction to disputed knowledge is unlike that attraction to unopposed knowledge. The attraction to knowledge of concepts like calculus or nature – such as “One is half of two”, “A body cannot simultaneously be in two places”, and so on – is not as entrenched in the hearts, nor is there any strong opposition to it.’6 And this is how it is. The various doubts that are raised against Allah – which can potentially cause man to turn away from or weaken his innate predisposition – are far more than objections against other sciences. One therefore might feel that the sciences are more self-evident than Allah. However, if people’s souls were pure and those external distractions were taken out of the equation, it would have most certainly been the case that knowing Allah would be far stronger and entrenched than the sciences.
Desde el punto de vista del análisis de secuencias y del constructo cognitivo, el reconocimiento de lo Divino debe ser el más evidente de todos los conceptos racionales. Sin reconocerlo a Él, no quedaría margen alguno para afirmar algún conocimiento innato, para juzgar su carácter instintivo, ni para sugerir que está por encima de la naturaleza del universo, de la materia y del ser humano. La puerta para afirmar cualquier verdad evidente por sí misma es, primero, creer en Allah. Sin ello, es imposible construir una cosmovisión filosófica coherente que afirme los conceptos instintivos e innatos. Partiendo de esto, se entiende lo que Ibn al-Qayyim relató de su maestro, que Allah tenga misericordia de ambos. Dijo: «¿Cómo vas a exigir una prueba para Aquel que Él mismo es prueba de todo?». Y solía mencionar con frecuencia este verso:
From the viewpoint of the sequence analysis and cognitive construct, recognition of the Divine must be the most self-evident of all rational concepts. Without acknowledging Him, there would be no scope left to affirm any innate knowledge, to pass judgement on its instinctiveness, or to suggest that it is above and beyond the nature of the universe, matter, and man. The gateway to affirming any self-evident truth is to first believe in Allah . Without this, it is impossible to construct a coherent philosophical outlook that affirms instinctive and innate concepts. Based on this, one can understand what Ibn al-Qayyim reported from his teacher, may Allah have mercy on both of them. He said, ‘“How can you demand proof for someone who Himself is proof for everything?” He (i.e., Ibn Taymiyyah) used to frequently mention this couplet:
«Nada puede ser correcto en las mentes si el día requiere prueba.»7
“Nothing can be correct in the minds if the day requires proof.”7
En efecto, cuando pedimos pruebas de la existencia de Allah, es como si encendiéramos velas en pleno día ya luminoso. Una escena así provocaría risa, ¿no es cierto? Sin embargo, ¿qué debemos hacer cuando nos vemos obligados a aclarar este punto? Un lector podría preguntar: «¿Por qué tanta prisa en tratar este asunto aquí, en la introducción del libro? ¿Por qué no aplazar la discusión hasta un lugar más adecuado, donde los detalles, las explicaciones y las pruebas puedan presentarse debidamente?». La motivación de esto es subrayar que cualquier investigación sobre la existencia de Allah y la presentación de sus evidencias más importantes no puede tratarse como un asunto que el lector, incluso de forma subconsciente, considere controvertido, o que presuma que requiere un largo discurso para demostrar su veracidad. Esto es especialmente así dado que se han planteado objeciones contra ella. Muchas personas se dejan engañar creyendo que plantear un asunto para el debate y someterlo a crítica debilita su carácter concluyente, y que este proceso convierte el asunto en un punto de debate legítimo. Consideremos la situación de muchas personas frente a las cuestiones instintivas y evidentes de la racionalidad. Miremos lo que les ocurrió cuando fueron expuestas a las escuelas de la filosofía cognitiva, y cómo se sacudieron el núcleo mismo y las verdades evidentes, solo porque este asunto se convirtió en un vaivén de ida y vuelta, como cualquier otro. Tras haber chocado con muchos de esos debates filosóficos y haberme sumergido en ellos, quiero compartir la conclusión a la que he llegado. No es difícil construir afirmaciones desviadas que pongan en duda las verdades evidentes e instintivas. Si una persona no se aferra al carácter evidente del asunto que se objeta, caerá invariablemente en el tipo de escepticismo que puede socavar el fundamento sobre el que descansa una estructura de conocimiento coherente y racional.
Indeed, when we ask for proof of Allah, it is as if we are lighting candles during an already bright day. Such a scene would provoke laughter, would it not? However, what are we supposed to do when we have been forced into a situation to clarify this? A reader may ask, ‘Why the haste in discussing this issue here, in the introduction of the book? Why not defer the discussion to where it can be more appropriately discussed and where the details, explanation, and proofs can be properly presented?’ The motivation for this is to underscore the notion that any research on the existence of Allah and offering up its most important evidence cannot be treated as an issue which a reader may even subconsciously deem to be contentious, or presume that it requires some lengthy discourse to prove its veracity. This is especially given that there are objections raised to it. Many people are duped into believing that offering up an issue for debate and subjecting it to critique weakens its conclusiveness, and that this process renders the issue into a point of legitimate debate. Consider the state of many people vis-à-vis instinctive and self-evident matters of rationality. Look at what became of them when they were exposed to schools of cognitive philosophy, and how the very core and self-evident truths were shaken – all just because this issue became one of to-and-fro, like any other. After barging shoulders and engrossing myself with many of those philosophical debates, I want to share the conclusion I have deduced. It is not difficult to construct deviant assertions that cast doubt on self-evident and instinctive truths. If a person does not hold on to the self-evident nature of the issue being objected to, he will invariably fall into the type of scepticism that can undermine the foundation upon which a coherent and rational knowledge structure rests.
de la razón; de otro modo, habrías seguido creyéndolo hasta el día de hoy. Quizá, sin embargo, exista por encima de la razón otro juez que, si se manifestara, convencería a la razón de falsedad, del mismo modo que la razón nos ha refutado. Y si tal tercer árbitro aún no se ha manifestado, no se sigue de ello que no exista”. A este argumento permanecí algún tiempo sin respuesta; una reflexión extraída de los fenómenos del sueño ahondó mi duda. “¿No ves”, reflexioné, “que mientras duermes das por indiscutiblemente reales tus sueños? Una vez despierto, los reconoces por lo que son: quimeras sin fundamento. ¿Quién puede asegurarte, entonces, la fiabilidad de las nociones que, estando despierto, derivas de los sentidos y de la razón? Con relación a tu estado presente pueden ser reales; pero también es posible que entres en otro estado de ser que guardará con tu estado presente la misma relación que este guarda con tu condición cuando duermes. En esa nueva esfera reconocerás que las conclusiones de la razón no son más que quimeras”. Esta condición posible es quizás la que los sufíes llaman “éxtasis” (ḥāl), es decir, según ellos, un estado en el que, absortos en sí mismos y en la suspensión de las percepciones sensoriales, tienen visiones más allá del alcance del intelecto. Quizás la Muerte sea también ese estado, según aquel dicho del príncipe de los profetas ﷺ: “Los hombres duermen; cuando mueren, despiertan”. Nuestra vida presente, en relación con el futuro, quizás no sea más que un sueño, y el hombre, una vez muerto, verá las cosas en directa oposición a las que ahora tiene ante sus ojos; entonces comprenderá aquella palabra del Corán: {Hoy hemos apartado de tus ojos el velo, y tu mirada es penetrante}. Pensamientos como estos amenazaban con sacudir mi razón, y procuré encontrar una salida. ¿Pero cómo? Para desatar el nudo de esta dificultad era necesaria una prueba. Ahora bien, una prueba debe fundarse en supuestos primeros, y precisamente eran estos los que yo ponía en duda. Esta situación infeliz duró unos dos meses, durante los cuales fui, es cierto, no explícita ni profesionalmente, sino moral y esencialmente, un escéptico absoluto. Dios se dignó finalmente a sanarme de esta enfermedad mental; mi mente recuperó la cordura y el equilibrio: los supuestos primarios de la razón recuperaron conmigo toda su firmeza y fuerza. Debí mi liberación no a una concatenación de pruebas y argumentos, sino a la luz que Dios hizo penetrar en mi corazón, la luz que ilumina el umbral de todo conocimiento. Suponer que la certeza solo puede fundarse en argumentos formales es limitar la misericordia infinita de Dios. Alguien preguntó al Profeta ﷺ la explicación de este pasaje del Libro Divino: "Dios abre al Islam el corazón de quien Él elige guiar". "Eso se refiere", respondió el Profeta ﷺ, "a la luz que Dios derrama en el corazón". "¿Y cómo puede el hombre reconocer esa luz?", le preguntaron. "Por su desapego de este mundo de ilusión y por una atracción secreta hacia el mundo eterno", respondió el Profeta ﷺ. En otra ocasión dijo: "Dios creó a Sus criaturas en la oscuridad, y luego derramó sobre ellas Su luz". Es con la ayuda de esta luz que debe proseguirse la búsqueda de la verdad. Como por Su misericordia esta luz desciende de tiempo en tiempo sobre los hombres, debemos estar constantemente atentos a ella. Esto también lo corrobora otro dicho del Apóstol ﷺ: "Dios envía sobre vosotros, en ciertos momentos, soplos de Su gracia; prepararos para ellos". Mi propósito en este relato es hacer comprender a otros con cuánta seriedad debemos buscar la verdad, pues conduce a resultados que nunca imaginamos. Los supuestos primarios no necesitan buscarse, pues siempre están presentes en nuestra mente; si emprendemos tal búsqueda, solo comprobamos que se nos escapan persistentemente. Pero quienes llevan su investigación más allá de los límites ordinarios están a salvo de la sospecha de negligencia en la búsqueda de lo que está a su alcance. 10 Se pueden encontrar varias lecciones y sabidurías en la conclusión de este pasaje.
Esta es, pues, la idea central del libro. Espero que alcance sus objetivos sin caer en el tipo de polémica que se desvincula de cómo se manifiesta el ateísmo en la actualidad. El propósito no es presentar ni discutir los antiguos argumentos teológicos o filosóficos empleados para demostrar la existencia de Allah, como el argumento de la temporalidad de los cuerpos, el argumento de la composición, el argumento del diseño especial, ni las discusiones que los rodean. Más bien, el objetivo es entablar un debate alineado con el discurso que hoy se da. Son el tipo de conversaciones que he mantenido con algunos jóvenes de nuestro tiempo que se han visto influidos por el discurso ateo. Asimismo, es el estudio de muchas de las dudas y objeciones planteadas por los ateos contemporáneos. No debo ocultar a los lectores que, personalmente, siento un gran entusiasmo por defender la teología dialéctica suní, y por lo que se recoge en los libros y debates suníes de los eruditos suníes sobre esta materia, especialmente los escritos del Shaykh al-Islam Ibn Taymiyyah. Sin embargo, procuraré moderar mis fuertes convicciones a favor del sunnismo para ofrecer un material y unas ideas que espero sean claros, fáciles de entender, renovadores y beneficiosos para la sociedad en general. Concluyo esta introducción rindiendo homenaje a mi amada esposa y a mis queridas hijas –Munā, Fāṭimah, Shaykah y Balsam– por sus grandes sacrificios y su paciencia, que me han permitido completar esta investigación. Que Allah les conceda la mejor de las recompensas en mi nombre. Doy las gracias al Dr. Ibrāhīm al-Rammāḥ por revisar el borrador previo a la publicación y por sus excelentes observaciones; que Allah le otorgue su recompensa y su retribución. Pido a Allah que nos conceda a todos la capacidad de obrar el bien y que permita que la verdad brote de nuestros corazones y de nuestras lenguas. Él es el mejor de los que son invocados.
So this is the central idea of the book. I hope it will achieve its aims without delving into the type of polemic that is detached from how atheism actually manifests itself today. The purpose is not to present or discuss the old theological or philosophical arguments used to establish Allah’s existence, such as the argument from the temporality of bodies, argument from composition, argument from special design, or the discussions surrounding these. Rather, the aim is to have a discussion that is aligned to the discourse occurring today. They are the types of discussions I have been having with some of today’s youth who have been impacted by atheist discourse. It is also the study of many of the doubts and objections raised by contemporary atheists. I should not hide from the readership that, personally speaking, I am highly enthusiastic about defending Sunni dialectic theology, and by what is recorded in the Sunni books and debates by Sunni scholars on this subject, especially the writings of Shaykh al-Islam Ibn Taymiyyah . However, I will try to curb my strong views in favour of Sunnism to offer material and ideas that I hope will be clear, easy to understand, refreshing, and beneficial to wider society. I end this introduction by paying homage to my beloved wife and my beloved daughters – Munā, Fāṭimah, Shaykah, and Balsam – for their great sacrifices and patience that have allowed me to complete this research. May Allah grant them the best of rewards on my behalf. I thank Dr. Ibrāhīm al-Rammāḥ for reviewing the pre-publication draft, and for his excellent feedback – may Allah decree reward and recompense for him. I ask Allah to grant us all the ability for good, and that He allow the truth to emanate from our hearts and tongues. He is the best requestee.
1 Esta historia se atribuye comúnmente a Rāzī, aunque no he podido encontrar una fuente fiable que la respalde. La menciono únicamente por la lección que ofrece, y para señalar que contiene una parte considerable de verdad: recuerda a las personas la naturaleza innata del conocimiento de Allah y el hecho de que no necesita pruebas específicas, especialmente en quienes conservan su fiṭrah sin mancha. En la entrada dedicada a Rāzī en el Lisān al-Mīzān de Ibn Ḥajar (6/319) se lee: «Aunque era profundamente versado en los fundamentos de la religión, solía decir: “Quien se adhiera a la fe de las ancianas, tendrá éxito”». La religión de las ancianas sería una cualidad digna de elogio solo para quienes pueden alcanzar la fe por medio de la fiṭrah. En el Nafkh al-Ṭīb min Ghuṣn al-Andalus al-Raṭīb (5/263) se dice: «Fārābī (Alpharabius) solía repetir con frecuencia “Señor mío, a Ti me quejo”, tantas veces que esta expresión aparecía en muchas ocasiones de su discurso en las que no encajaba del todo, con lo que quienes no estaban familiarizados con su estilo quedaban sorprendidos. Dijo: “Me han contado que Fakhr (Rāzī) pasó junto a un shaykh sufí. Se le dijo al shaykh: ‘Este hombre puede aportar mil pruebas del Creador. ¿Quieres ir a verlo?’ Él respondió: ‘Por Su honor, si en verdad lo conociera, nunca habría intentado demostrarlo en primer lugar’. La noticia llegó al Imam (Fakhr al-Dīn al-Rāzī), quien dijo: ‘Nosotros lo conocemos desde detrás del velo; ellos (es decir, los sufíes) lo ven sin velo alguno’». Observo algunos problemas en las generalizaciones que aquí se hacen. Similar a esta historia es lo que Dhahabī menciona en su Siyar Aʿlām al-Nubalā’ (22/112), en la biografía de Najm al-Dīn al-Kubrā: «El prolífico autor Fakhr al-Dīn al-Rāzī acudió a él. Un jurista debatió con él extensamente sobre el conocimiento y el tawḥīd de Allah. Luego ambos preguntaron al shaykh sobre la ciencia del conocimiento; él dijo: “Este es un conocimiento irreversible que simplemente aparece en las almas”». Fajr al-Dīn le preguntó: «¿Cómo se llega a la estación para alcanzarla?». Él respondió: «Abandonando el liderazgo y la buena fortuna en que te encuentras actualmente». Dijo: «Esto no puedo hacerlo. En cuanto a sus sustitutos, que sí puedo hacer, son la ascesis, el retiro y la compañía de un shaykh». El conocimiento básico de Allah queda grabado en el alma sin esfuerzo, pues esta es la fitrah con la que Allah creó a Sus siervos.
1 This story is commonly attributed to Rāzī, though I have been unable to reliably source it. I have mentioned it only for the lesson it offers, and to point out that it bears a considerable amount of truth: it reminds people of the innate nature of knowing Allah and the fact that it is not in need of specific evidence, especially for those whose fiṭrah remains unblemished. On Rāzī’s entry in Ibn Ḥajar’s Lisān al-Mīzān (6/319), it reads: ‘Though he was deeply proficient in the religious fundamentals, he used to say, “Whoever adheres to the faith of old women, he would be successful.”’ The religion of old women would be a praiseworthy trait only for those whose acquisition of faith can be achieved by way of fiṭrah. In Nafkh al-Ṭīb min Ghuṣn al-Andalus al-Raṭīb (5/263), it says, ‘Fārābī (Alpharabius) used to frequently utter “O my Lord, to You I complain” so frequently that this could be found in many instances of his speech that were not exactly suited to it, thus leaving those unfamiliar with his style of speaking surprised. He said, “I have been told that Fakhr (Rāzī) passed by a sufi shaykh. The shaykh was told, ‘This man can provide a thousand proofs for the Maker. Do you want to go over to him?’ He said, ‘By His honour, had he truly known Him, he would never have attempted to prove Him in the first place.’ This news reached the Imam (Fakhr al-Dīn al-Rāzī) – he said, ‘We know Him from behind the veil; they (i.e., sufis) see Him without any veil.’” I do note some problems with the generalisations made here. Similar to this story is what Dhahabī mentioned in his Siyar Aʿlām al-Nubalā’ (22/112), in the biography of Najm al-Dīn al-Kubrā: ‘The prolific author Fakhr al-Dīn al-Rāzī went to him. A jurist debated him at length on the cognition and monotheism of Allah. Then the two asked the shaykh on the science of cognition – he said, “This is irreversible knowledge that simply appears to souls.” Fakhr al-Dīn asked him, “How does one reach the station to attain it?” He said, “By abandoning the leadership and good fortune you are currently in.” He said, “This I cannot do. As for its substitutes – which I can – they are asceticism, seclusion, and the companionship of a shaykh.”’ The basic knowledge of Allah is imprinted onto the soul without exertion, as this is the fiṭrah upon which Allah created His servants.