Las mujeres son un tema recurrente en el discurso diario, porque los intereses que personifican —para los mitos de la superioridad occidental, el progreso y el exclusivismo— son enormes. En algunos países, solo se les permite acceder a la esfera pública si renuncian a su maternidad: conformarse con que las mujeres vivan como madres y "meras amas de casa" supondría descubrir la paradoja que las feministas y los progresistas necesitan negar desesperadamente: quizá las mujeres occidentales no puedan tenerlo todo. Las madres son vistas como una fuente de desestabilización —algunos dicen que las bajas por maternidad prolongadas provocan pérdidas de beneficios— y solo son respetadas cuando se las define por una relación laboral, como la Vicepresidenta Senior de X o la Gerente en Ascenso de Y.
Women are a recurrent theme in daily discourse, because the stakes they personify — for myths of Western superiority, progress, and exclusivism — are great. In some countries, they are allowed access to the public sphere only if they renounce their wombs: To be satisfied with women living as mothers and “mere homemakers” would be to uncover the paradox that feminists and progressives desperately need to deny: Maybe Western women can’t have it all. Mothers are seen as a source of destabilization — extended maternity leaves trigger profit loss, some say — and are respected only when defined by a corporate relationship, as the Senior VP of X or Up-and-Coming Manager of Y.
Estas contradicciones generan tensiones insoportables. La feminidad no tiene salida ni resultado; formar una familia ya no es un medio de apoyo, amor y realización, sino una carga que se posterga todo lo posible. La miseria sexual y psicológica que de ello resulta puede derivar en absurdo e histeria. También aquí se anhela experimentar el amor familiar, pero los mecanismos de ese amor —el matrimonio, la crianza de los hijos, la estabilidad familiar— quedan impedidos: la mitad de todos los niños nacidos en Occidente nacen de madres solteras, lo cual resulta inquietante dado que existe una correlación directa e innegable entre los hogares monoparentales y las tasas de criminalidad, aunque esto podría explicar en parte por qué algunos países occidentales tienen las tasas más altas de homicidio y delincuencia violenta del mundo. Y para los pocos occidentales que están casados, el fantasma de la infidelidad se cierne con fuerza, pues incluso el adulterio se ha comercializado, con sitios de infidelidad como AshleyMadison que atienden a decenas de millones de usuarios registrados.
These contradictions create unbearable tensions. Womanhood has no outlet, no outcome; starting a family is no longer a means for support, love, and fulfillment, but a burden to be put off for as long as possible. The sexual and psychological misery that results can descend into absurdity and hysteria. Here, too, one hopes to experience familial love, but the mechanisms for that love — marriage, child-rearing, familial stability — are prevented: Half of all children born in the West are born to single mothers, which is disturbing given that there is a direct, undeniable correlation between single-family homes and crime rates — though this might partially explain why some Western countries have the highest rates of homicide and violent crime in the world. And for the few Westerners that are married, the spectre of infidelity looms large, as even adultery has been commercialized, where cheating websites like AshleyMadison cater to tens of millions of registered users.
En algunos países occidentales, la guerra contra la mujer tiene el aire de una farsa teatral. Las mujeres occidentales gastan más de 20 000 millones de dólares al año en cosméticos y perfumes, y otros 12 000 millones en cirugía estética (mientras que solo se necesitan 22 000 millones para alimentar, vestir y proporcionar atención sanitaria básica a toda la población pobre del mundo), todo ese gasto para cumplir con estándares artificiales de moda y belleza impuestos por los conglomerados empresariales que se benefician de la necesidad de la mujer occidental de sentirse atractiva. Por supuesto, esa necesidad surge precisamente porque a las mujeres se les socializa deliberadamente para que se obsesionen con cada detalle de su cuerpo, de modo que millones de niñas, algunas de tan solo 11 años, sufren trastornos alimentarios y otras formas de trastornos dismórficos corporales.
In some Western lands, the war on women has the air of a theatrical farce. Western women spend over $20 billion annually on cosmetics and perfumes and another $12 billion on cosmetic surgery (while only $22 billion is needed to feed, clothe, and provide basic health care for the entire world’s poor) — all this expenditure to abide by artificial standards of fashion and beauty dictated by the corporate conglomerates profiting from the Western woman’s need to be sexy. Of course, that very need only arises due to women being deliberately socialized to obsess over every detail of their bodies such that millions of females, some as young as 11 years-old, suffer from eating disorders and other forms of Body Dysmorphic maladies.
Desafortunadamente para estas mujeres occidentales, que literalmente se matan de hambre buscando atención, los hombres occidentales, sumidos en su propia crisis de masculinidad, no parecen muy interesados, pues han quedado profundamente insensibilizados por la interminable cantidad de pornografía en internet. Y cuando estos caballeros con TDAH no están masturbándose, están demasiado ocupados jugando videojuegos y quitándose la vida: Trágicamente, el suicidio es la causa de muerte más importante en hombres de 20 a 49 años en algunos países occidentales.
Unfortunately for these Western women, who are literally starving themselves for attention, Western men, in the thick of their own Crisis of Masculinity, don’t seem to be too interested, as they’ve been thoroughly desensitized by endless amounts of internet porn. And when the ADHD-addled gentlemen are not masturbating, they’re too busy playing video games and killing themselves: Tragically, suicide is the single biggest cause of death in men aged 20-49 in some Western countries.