Para dar un paso atrás y comentar todo este debate, solo quiero decir que, en última instancia, no importa cómo se pronuncie Ramadán ni si un musulmán dice «namaz» en lugar de «salat». Por mi propia experiencia de vida y por lo que he observado en las comunidades musulmanas multiculturales de Occidente y del extranjero, he descubierto que estos debates culturales suelen ser poco más que el tribalismo (`asabiyya) asomando su fea cabeza.
To step back and comment on this entire debate, I just want to say that, ultimately, it does not matter how one pronounces Ramadan or if a Muslim says “namaz” instead of “salat.” From my own life experience and observing the cross-cultural Muslim communities in the West and abroad, I have found that these cultural debates are often nothing more than tribalism (`asabiyya) rearing its ugly head.
Como persoa de origen iraní-estadounidense, desde pequeño dije "Ramezan", "namaz", "roozeh", "sahari", "Khuda", etc. Todavía uso estas palabras cuando hablo con mi familia iraní y siento una cálida conexión con mi herencia persa. Al mismo tiempo, no tengo ningún problema en usar los equivalentes árabes cuando hablo con otras personas, por ejemplo con mi esposa egipcia, o con mis hijos mestizos persa-egipcios, que hablan farsi y árabe, ma sha' Allah.
In the interest of full disclosure, I am Persian American and grew up saying “Ramezan,” “namaz,” “roozeh,” “sahari,” “Khuda,” etc. I still use these words when speaking to my Iranian family members and do feel a warm connection to my Persian heritage. At the same time, I have no issue using the Arabic equivalents when speaking to others, e.g., my Egyptian wife, or my half-Persian, half-Egyptian sons, who speak both Farsi and Arabic ma sha’ Allah.
Y, por casualidad, en persa mi nombre de pila, «Daniel», se pronuncia «Daniyal». Espero que pronunciar mi propio nombre como «Daniel» en lugar de «Daniyal» no sea una inseguridad cultural de mi parte.
And, coincidentally, in Persian, my first name, “Daniel,” is pronounced “Daniyal.” Hopefully, my pronunciation of my own name “Daniel” instead of “Daniyal” is not cultural insecurity on my part.
En cuanto a la ortoepía, la pronunciación correcta tiene importancia religiosa tanto en las oraciones obligatorias como en el estudio de las ciencias islámicas, por ejemplo, en la transmisión del hadiz. Más allá de esto, como musulmanes no debemos perder de vista que el árabe es una lengua especial por varias razones, sobre todo porque es la lengua que Allah escogió para el Corán, Su revelación final a la humanidad. Además, es la lengua materna del amado Mensajero de Dios ﷺ. Dados estos dos hechos por sí solos, ¿cómo puede un musulmán no sentir un profundo y perdurable amor por lisan al-`arab? Como estadounidense y persa, personalmente no siento ninguna contradicción ni amenaza a mi sentido de identidad al reconocer este amor. Y cuando miramos la historia, la literatura y la erudición de los musulmanes no árabes en todo el mundo, también vemos una veneración por el árabe.
As far as orthoepy is concerned, correct pronunciation is religiously significant when it comes to obligatory prayers as well as the study of the Islamic sciences, e.g., transmission of hadith. Beyond this, as Muslims we should also not lose sight of the fact that Arabic is a special language for a number of reasons, chief among them that it is the language Allah chose for the Quran, His final revelation to mankind. Also, it is the mother tongue of the beloved Messenger of God صلى الله عليه وسلم. Given these two facts alone, how can any Muslim not feel a deep abiding love for lisan al-`arab? As an American and a Persian, I personally feel no contradiction in or threat to my sense of identity by acknowledging this love. And when we look at the history, literature, and scholarship of non-Arab Muslims the world over, we also see a reverence for Arabic.
Por supuesto, debería ser obvio que el aprecio por el árabe no tiene relación alguna con la opinión que se tenga sobre el gobierno saudí o cualquier otra institución estatal. Además, este amor por el árabe clásico y formal, es decir, el fusha, no da a los árabes modernos derecho a menospreciar a los musulmanes no árabes como si fueran menos auténticamente musulmanes por ninguna razón, y menos aún por el hecho de que estos utilicen las palabras "Ramzan", "sehri", etc., en lugar de sus equivalentes en árabe formal. Conviene recordar que el primer y, quizás, más influyente libro de gramática árabe jamás escrito fue completado en el siglo II de la Hégira por el erudito musulmán persa Sibawayh, quien, además, no era hablante nativo de la lengua.
Of course, it should go without saying that one’s appreciation of Arabic has no bearing on one’s opinion of the Saudi government or any other state institution. And, furthermore, this love of classical, formal Arabic, i.e., fusha, does not give modern Arabs the right to look down on non-Arab Muslims as somehow less authentically Muslim for any reason, least of which the fact that non-Arab Muslims use the words “Ramzan,” “sehri,” etc., in lieu of the formal Arabic counterparts. Keep in mind that the first and, arguably, most influential book of Arabic grammar ever written was completed in the 2nd century of the Hijri calendar by the Persian Muslim scholar Sibawayh, who was a non-native speaker of the language to boot.
Nos guste o no, si retrocedemos lo suficiente en el tiempo, todas nuestras historias familiares y culturales personales son inevitablemente una amalgama de múltiples influencias interculturales, independientemente de las identidades nacionales modernas con las que hoy las asociemos. En ese sentido más amplio, insistir con vehemencia en una nacionalidad y dar tanta importancia a una única identidad y lengua nacional parece simplemente históricamente analfabeto, chovinista y, bueno, absurdo.
Whether we like it or not, if we go far enough back in time, all of our personal family and cultural histories are inevitably an amalgamation of a multitude of cross-cultural influences, regardless of the modern national identities we may currently associate with. In that wider sense, vociferously insisting on a nationality and imbuing so much significance on a singular national identity and language just seems historically illiterate, chauvinistic, and, well, silly.