14.4 El florecimiento de la jurisprudencia islámica
14.4 The Flourishing Of Islamic Jurisprudence
Los musulmanes solían, en general, practicar el taqlīd a los mujtahidīn a pesar de sus desacuerdos, ya que la base de sus desacuerdos era la evidencia de la Sharī'ah. Así, la comprensión de cada mujtahid del discurso del Legislador (khitāb al-shāri') se considera una norma de la Sharī'ah con respecto a él y con respecto a quien hace taqlīd a él. Esto se debe a que el discurso del Legislador es el ḥukm shar'ī (norma de la Sharī'ah), y la comprensión del discurso del Legislador es una norma de la Sharī'ah, pero con respecto a quien lo comprendió y con respecto a quien lo sigue en esta comprensión. Quienes alcanzaron la comprensión del discurso del Legislador practicaban el ijtihād. Quienes no llegaron al nivel de ijtihād seguían, en las cuestiones de ahkām (normas), a quienes habían alcanzado el nivel de ijtihād y practicaban el ijtihād. El asunto no era el de seguir personalmente al faqīh, como tampoco es el de hacer taqlīd a un madhhab. Más bien, el asunto consiste en adoptar el ḥukm shar'ī deducido por el faqīh y actuar conforme a él. Pues el musulmán está obligado a seguir únicamente la norma de la Sharī'ah y actuar conforme a ella, y no seguir un madhhab o una persona, ni actuar según un madhhab particular o seguir a una persona determinada. Cuando sea capaz de llegar al ḥukm shar'ī mediante su propio ijtihād, debe hacerlo; si no, debe adoptar una norma deducida por otra persona. En los primeros tiempos, los mujtahidīn podían contarse por miles. Por eso encontramos que los mujtahidīn a quienes seguían los musulmanes no se limitaban a cuatro, cinco, seis ni a ningún otro número de madhhabs; de hecho, había muchos madhhabs y numerosos mujtahidīn. Cada grupo seguía las normas deducidas por un mujtahid, sea o no de un madhhab. Por ejemplo, la población general de Kufa actuaba conforme a las fatwas de Abū Ḥanīfa y Sufyān al-Thawrī, mientras que los chiíes actuaban conforme al madhhab de Ja'far al-Ṣādiq. La práctica de la gente de La Meca solía ser conforme a las fatwas de Ibn Jurayj, la de la gente de Medina conforme a las fatwas de Malik, la de la gente de Basora conforme a las fatwas de 'Uthman, la de la gente de al-Sham conforme a las fatwas de al-Awza'i, la de la gente de Egipto conforme a las fatwas de Ibn Sa'd, la de la gente de Jurasán conforme a las fatwas de 'Abd Allah ibn al-Mubarak, y la de algunos de los habitantes del Yemen conforme a las fatwas de Zayd ibn al-Husayn. Muchos de los musulmanes seguían las fatwas de Sa'id ibn al-Musayyab, Ibn Abi Layla, 'Ikrima, Rabi'i ar-Ra'i, Muhammad ibn Shihab az-Zuhri, Hasan al-Basri, Layth ibn Sa'd, Sufyan ibn 'Uyayna, Ishaq ibn Rahawiya, Abi Zawr, Dawud az-Zahiri, Ibn Shubrima e Ibn Jarir at-Tabari. Cada uno de ellos era un mujtahid y dirigía una escuela (madhhab). Cada una de estas escuelas tenía una metodología particular en el ijtihad y una opinión (ra'y) particular en los ahkam. Muchos de los mujtahidin e imames eran jueces y gobernantes en las tierras. Las diferencias entre los imames, los jueces y los gobernantes llevaban a una diferencia en los ahkam (normas), y cada uno juzgaba con su propia opinión o según la opinión de un faqih cuya postura defendía. Esto dio lugar a la existencia de sentencias diversas en el Estado, y por ello hubo 'ulamá que se inclinaban claramente hacia la unificación del derecho con el que se dictaban los juicios y deseaban que el Califa emitiera una orden para que la gente se atuviera a él. En aquel tiempo, ciertas personas que conocían la situación de la sociedad opinaron que debía escribirse un libro completo al que los jueces y otros pudieran recurrir, con el fin de aligerar la carga de los jueces y facilitar la labor de los litigantes. Ibn al-Muqaffa' escribió una carta al Califa al-Mansur sobre este asunto, en la que se mencionaba:
The Muslims generally used to perform Taqlīd to the mujtahidin despite their disagreements since the basis of their disagreements was the Sharī’ah evidence. So the understanding of every mujtahid of the address of the Legislator (khitab al-shaari’) is considered a Sharī’ah rule with respect to him and with respect to the one who makes Taqlīd to him. This is because because the address of the Legislator is the hukm shar’i (Sharī’ah rule) and the understanding of the Legislator’s address is a Sharī’ah rule but in respect to the one who understood it and in respect to the one who follows him in this understanding. Those who attained the understanding of the Legislator’s address used to perform Ijtihād. Those who did not reach the level of Ijtihād used to follow, in ahkām (rules), those who had reached the level of Ijtihād and practised Ijtihād. The issue was not that of following the faqih personally just as the issue is not one of making Taqlīd to a mazhab. Rather, the issue is about adopting the hukm shar’i deduced by the faqih and acting upon it. Since, the Muslim is ordered to follow the Sharī’ah rule only and act upon it and not follow a mazhab or person or act according to any particular mazhab or follow any particular person. When he is able to reach the hukm shar’i through his own Ijtihād he should do that, if not he should adopt a hukm deduced by someone else. In the early ages the mujtahidin could be counted by the thousands. That is why we find that the mujtahidin whom the Muslims used to follow were not restricted to four, five, six or any number of mazhabs, in fact there were many mazhabs and numerous mujtahidin. Each group used to follow rules deduced by a mujtahid whether he was from a mazhab or not. For example, the general population of Kufa acted upon the fatwa of Abu Hanifah and Sufyan al-Thawri but the Shi’a used to act upon the mazhab of Ja’far al-Sadiq. The practise of the people of Makkah used to be according to the fatwa of Ibn Jurayj and the people of Madina on the fatwas of Malik and the people of Basra on the fatwas of ‘Uthman and the people of al-Sham on the fatwas of al-Awza’i and the people of Egypt on the fatwas of Ibn Sa’d, and the people of Khurasan on the fatwas of ‘Abd Allah ibn al-Mubarak and some of the people of Yemen on the fatwas of Zayd ibn al-Husayn. Many of the Muslims used to follow the fatwas of Sa’id ibn al Musayyab, Ibn Abi Layla, ‘Ikrama, Rabi’i Ar-Ra’i, Muhammad ibn shihaab Az-Zuhri , Hasan Al Basari, Laith ibn sa’ad, Sufyan Ibn ‘Uyayna, Ishaq ibn Rahawiya, Abi Thawr, Dawud Az-Zahiri, Ibn shibrima and Ibn Jarir At-Tabari. Each of them was a Mujtahid and lead a mazhab. Each of the mazhabs from these mazhabs had a particular methodology in Ijtihād and a particular ra’i (opinion) in the ahkam. Many of the Mujtahidin and Imams were judges and rulers in the lands. The differences among the imams and the judges and rulers lead to a difference in the ahkam (rules), each one judged with his own opinion or according to the opinion of a faqih whose opinion he held. This resulted in the presence of different judgements in the state, due to this there were ‘Ulamā who were obviously inclined towards unifying the ruling by which judgement is given and wanted the Khalifah to issue an order for people to adhere to it. At that time, certain people who knew about the situation of the society took the view that a comprehensive book should be written to which judges and other should refer, so as to lighten the burden of the judges and make it easy for the litigants. Ibn al-Muqaffa’ wrote a letter to the Khalifah al-Mansur regarding this matter, in which it was mentioned:

«¿Qué opina el Ameer al-mu’minin sobre la cuestión de estas dos ciudades, Basora y Kufa, y de otras ciudades y regiones, acerca de la diferencia de estos dictámenes contradictorios, que ha alcanzado grandes proporciones en los fallos relativos a la sangre, la castidad y la propiedad? Las normas sobre la sangre y la castidad permitidas en Basora están prohibidas en Kufa; tales desacuerdos se dan también en el corazón de Kufa, de modo que algo se permite en una zona y no en otra. Sin embargo, a pesar de sus diversas formas, tiene validez legal en la vida de los musulmanes, en su sangre y en sus bienes sagrados, donde los jueces juzgan válidamente con ello. Si el Ameer ul-Mu’mineen considera apropiado y ordena que estos distintos veredictos y procedimientos le sean informados por escrito, junto con las pruebas que los respaldan tomadas de la Sunnah y del Qiyas: a pesar de sus diversas formas, tiene validez legal en la vida de los musulmanes, en su sangre y en sus bienes sagrados, donde los jueces juzgan válidamente con ello. Si luego escribiera un libro sobre ello, esperaríamos que Allah haga que estos veredictos, en los que lo correcto se mezcla con lo incorrecto, sean igualmente correctos. Esperaríamos también que la resolución del asunto se haga según la opinión y la palabra del Ameer ul-Mu’mineen.»
‘ What does the Ameer al-mu’minin see regarding the matter of these two cities ; Basrah and Kufah and other cities and regions, about the difference of these contradictory rulings which has reached great proportions in rulings relating to blood, chastity and property. The rules concerning blood and chastity allowed in Basrah are forbidden in Kufah, such disagreements are taking place in the heart of Kufah as well, something is allowed in one area but not in another. However, despite its various forms it is legally valid in the life of Muslims, in their blood and sacred possessions, where judges validly judge with it. If the Ameer ul Mumineen sees it is appropriate and ordered that these different verdicts and courses be reported to him in writing together with the supporting evidences from the Sunnah and Qiyas: However, despite its various forms it is legally valid in the life of Muslims, in their blood and sacred possessions, where judges validly judge with it. If he then wrote a book in that, we would then hope that Allah makes these verdicts, in which the right one is mixed with the wrong one, the same correct one. We would also hope that the convention of the matter will be by the opinion and on the word of Ameer ulM’umineen.’
Sin embargo, al-Mansur no puso en práctica esta carta, aunque le causó una fuerte impresión. Por ello, tomó medidas para que los fuqaha y los muhaddizin dejaran por escrito lo que les había llegado, hasta que la gente contara con referencias a las que pudiera recurrir. La razón por la que al-Mansur no siguió la opinión de Ibn al-Muqaffa' de establecer una constitución y unos cánones para el Estado que unieran a la gente en torno a ahkām específicos fue lo que ocurrió entre él y Malik. Ibn Sa'ad narra en al-Tabaqat que Malik bin Anas dijo:
However, al-Mansur did not act upon this letter although he was impressed by it. So he took steps to make the Fuqaha and the muhaddithin record what has reached them until people had references to which they could refer. The reason for al-Mansur not acting upon the opinion of Ibn al-Muqaffa’ in laying down a constitution and canons for the state which would have brought the people together on specific ahkāms was what transpired between him and Malik. Ibn Sa’ad narrates in al-Tabaqat that Malik bin Anas said:

Cuando al-Mansur realizó el hach, me dijo: He tomado la decisión de ordenar a la gente que siga los libros que usted ha escrito. Serán copiados y luego enviaré una copia a cada ciudad musulmana, y ordenaré que actúen conforme a ellos y que no recurran a ninguna otra obra. Entonces le dije: ¡Oh, Emir de los creyentes! No haga esto. La gente ya tiene sus opiniones, ha oído ahadices y ha narrado relatos; cada pueblo tomó lo que ya seguía. Deje a la gente, deje que la gente de cada tierra elija por sí misma.
When al-Mansur performed hajj he said to me: I have taken the decision to order people to follow the books which you have written. They will be copied then I will send a copy to every Muslim city and and I will order them to act upon them and not refer to any other works. So I said O Ameer al-Mu’minin! Do not do this. The people already hold opinions, and they have heard ahadīth and narrated reports, each people took what they already followed it, leave the people, let the people of each land chose for themselves.’
Por esta razón, las escuelas jurídicas (mazhabs) y las opiniones no quedaron unificadas, y el ijtihad y el ra'y permanecieron en manos de las personas para adoptar el hukm que consideraran correcto. Y la elección quedó en manos de los jueces y gobernantes para juzgar con lo que estimaran apropiado. Debido a ello, cada imam de fiqh tuvo discípulos que acudieron a estudiar sus opiniones y a explicar su mazhab, y la perspectiva hacia este desacuerdo que se había producido cambió, y se convirtió en una ciencia por derecho propio, a la que llamaron la ciencia de la discrepancia (ʿilm al-jilaf). La estudiaron del mismo modo que estudiaban los usul al-fiqh. Dijeron que la discrepancia de los imames era una misericordia. El discípulo de cada imam solía desarrollar los furuʿ (ramas del fiqh). Fue esta expansión la que preservó los mazhabs de ciertos mujtahidin y la causa de la desaparición de otros. Al-Awzaʿi, al-Hasan al-Basri, al-Zauri e Ibn Yarir al-Tabari son algunos de los mayores imames en cuanto a amplitud de conocimiento e ijtihad. Sin embargo, no se extendieron en los furuʿ, sino que se limitaron a los usul, y no tuvieron discípulos que expusieran la postura de su mazhab; por eso no se siguieron y no se difundieron. En cuanto al resto de los imames, como Abu Hanifa, Yaʿfar al-Sadiq, Zayd ibn al-Husayn, al-Shafiʿi, Ahmad ibn Hanbal y Malik, tuvieron discípulos y seguidores, así que sus mazhabs fueron registradas y continuaron existiendo. A pesar de las restricciones impuestas por Abu Yaʿfar al-Mansur a Yaʿfar al-Sadiq y a otros de la familia de ʿAli, él dedujo normas y tuvo discípulos entre los chiíes y otros. Registraron sus opiniones y las consideraron algo semejante a la Sunna. Su mazhab se extendió por muchas regiones del mundo. Abu Hanifa solía tener muchos discípulos, los más conocidos son Abu Yusuf, Muhammad ibn al-Hasan al-Shaybani y Zufar. Todos ellos eran mujtahidines como Abu Hanifa. Aunque mezclaron sus opiniones con las de él, el mérito corresponde a ellos por haber registrado el mazhab de Abu Hanifa. Lo mismo ocurre con el imam Malik. Vivía en Medina; tuvo muchos discípulos que eran ampliamente conocidos por su escrutinio de los ḥadīths y de los transmisores de ḥadīths, especialmente en lo relativo al libro al-Muwatta. Tras él, sus discípulos registraban sus fatwas, desarrollaban las furū‘ y daban su parecer sobre las cuestiones. A pesar de la fama de Mālik, el mérito de difundir su madhhab corresponde a sus discípulos. En cuanto a al-Shāfi‘ī, forjó su extraordinaria fama con sus propias manos en uṣūl al-fiqh, como lo indica lo que aparece en la gran obra al-Umm, que junto con al-Risāla e Ibṭāl al-Istiḥsān constituyen los mayores ejemplos del despertar intelectual de aquella época. Sus discípulos, como al-Rabī‘ y al-Muzanī, siguieron este método, estudiaron sus opiniones y ampliaron su madhhab, por lo que se extendió por doquier. Lo mismo sucede con Aḥmad ibn Ḥanbal: a pesar de la predominante presencia del ḥadīth en su madhhab, tuvo discípulos que ampliaron su madhhab y estudiaron sus opiniones. El mérito corresponde, ante todo, a aquellos discípulos, no solo por difundir el madhhab de sus maestros e imames, sino también por la exposición del fiqh y por asegurar que floreciera hasta el punto de que su época fue considerada más radiante que la de los imames. Pues en esta época tuvieron lugar los comentarios sobre los aḥkām y la clarificación de las pruebas; de este modo, los fuqahā’ se apresuraron a estudiar el fiqh y a explicarlo, especialmente la ciencia de uṣūl al-fiqh, que es el verdadero fundamento del fiqh. La situación del fiqh continuó extendiéndose hasta florecer enormemente. El apogeo de su esplendor se produjo en el siglo IV de la Hégira, un siglo después de la formación de los madhhabs.